Tu salud nos pertenece

La ola que inició en Irlanda con la legislación para prohibir el fumar en bares y discotecas, se ha ido extendiendo. En el Reino Unido acaba el parlamento de hacer lo mismo, incluso prohibiendo fumar en aquellos clubes privados donde solamente los que son miembros pueden entrar.Muy celebrado por la Organización Mundial de la Salud, esta ola refleja la tendencia socializante a que los estados modernos nos están sometiendo. La salud ya no es un problema de cada persona, sino que el Estado nos fuerza a hacer “lo correcto” hasta con nosotros mismos. Se retrocede así completamente en materia de libertad individual, pues la única justificación moral para prohibir a una persona una determinada actividad, es que ésta acarrea violación de los derechos de terceros, con graves perjuicios para éstos.

Cuando el Estado se arroga la facultad de decidir por las personas lo que es mejor para éstas, e imponer sus propios criterios en tal sentido, no actúa diferente de cuando un Estado confesional fuerza a los ciudadanos a adorar a un dios y seguir ritos determinados. Curioso que hoy día cualquiera en Occidente reaccionaría ante esto último de forma airada y en protesta, pues con razón diría que es una invasión a la libertad individual, que consiste básicamente en que cada persona tiene derecho a buscar por sí mismo y elegir lo que considere mejor para su propia persona, derecho a elegir que necesariamente implica el riesgo a equivocarse.

Como se ha dicho tantas veces, la libertad en realidad consiste en no otra cosa que en el derecho a equivocarse, pues si sólo consistiera en que las personas pueden elegir lo “bueno” (concepto que inevitablemente se presta a aplicación subjetiva tarde o temprano), entonces realmene no son libres para elegir en lo absoluto.

El afán por imponer a los demás nuestra propia visión de las cosas, aún cuando sea con buenas intenciones, está condenado a terminar siempre con la eliminación de la dignidad del Hombre. La persona sólo puede tener dignidad moral cuando elige el bien, sí, pero para eso debe dejársele en plena libertad para elegir en primer lugar. Si se le impone el bien, entonces no ha elegido.

En el caso concreto de las restricciones a la libertad individual supuestamente inspiradas en la protección de la salud de las mismas personas a quienes se está imponiendo una conducta (a diferencia de cuando se prohíbe una actividad a una persona para proteger la salud de terceras personas), la reciente prohibición de fumar en bares y otros establecimientos es resultado lógico de una ideología aplicada desde hace décadas en todo el mundo. Comenzando por la criminalización del consumo de estupefacientes, el pasado siglo fue el siglo del Estado niñera, que nos fuerza a comer sólo aquello que él nos permite comer, y nos prohíbe ingerir lo que él considera peligroso para nosotros mismos.

Todo esto implica no otra cosa que el principio de que mi cuerpo y mi salud no me pertenecen a mí, sino a la etérea colectividad. Y es parte del desarrollo lógico del colectivismo como ideología, que el Estado le diga a cada quién qué puede comer y qué no puede comer, y como ahora se ha manifestado, que nos diga que no podemos fumar porque nos hace daño.

Ojo: no soy fumador y jamás lo he sido. Considero que es una actividad sin sentido racional, pues evidentemente sí causa daño a quien la realiza regularmente, y no veo el objetivo de incurrir en dicha actividad riesgosa a la que no le encuentro beneficio alguno. Sin embargo, esa es mi opinión personal, y aunque estoy completamente convencido de ella, entiendo claramente que no tengo ninguna justificación para imponer sobre los demás mis ideas. Especialmente injustificado es el hacerlo alegando que la prohibición es para proteger a las personas de sí mismas.

No está de moda, sin embargo, entender y aceptar este principio básico de ética. Las nuevas cruzadas ahora, en lugar de la salvación del alma, usan como excusa la salvación del cuerpo. Pero fuera de eso, no se diferencian en lo absoluto y son ambas igual de contrarias a la dignidad humana.

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