La Inquisición de lo “Políticamente Correcto”

En Austria se está juzgando criminalmente a David Irving (ver nota en The Times), un historiador británico que ha publicado libros cuestionando la ocurrencia del Holocausto judío a manos de los nazis. Aparentemente en Austria es un delito negar la ocurrencia del Holocausto, así como hacer apología del nazismo o del antisemitismo.La historia se repite en espiral, de veras. La naturaleza humana no cambia en lo absoluto, y tal parece que a pesar de lo dolorosas y costosas de las experiencias humanas, no necesariamente aprendemos siempre de ellas.

Si algo deberíamos tener claro en Occidente a estas alturas, es que la ciencia, las artes, y en general el conocimiento humano sólo puede avanzar cuando reina la libertad académica y el debate. Lo que distingue la ciencia del dogma, es precisamente que en aquella se permite, de hecho se requiere, el debate constante y permanente. Allí donde hay consenso, no hay ciencia sino dogma.

Por más ridícula que nos pueda parecer una afirmación, una hipótesis científica, sólo podemos condenar a la hoguera a su promotor en perjuicio del desarrollo de la ciencia y el conocimiento humano universal. Si prohibimos contrariar la ortodoxia, estamos necesariamente retrasando el avance científico.

La búsqueda de la verdad requiere la libertad para debatir y contradecir. Desde hace siglos en Occidente reconocemos que la ciencia requiere contrastación, y que sólo cuando existe el ambiente académico que permite sin restricción alguna la contrastación de cualquier postulado, podemos acercarnos a la verdad e ir superándonos en nuestro conocimiento.

Y ello necesariamente implica que algunas veces escucharemos afirmaciones que no nos gustan. Es inevitable, si queremos buscar la verdad, que algunas veces tendremos que escuchar afirmaciones sin sentido, completamente falsas, y hasta repulsivas. Pero no hay otra manera. No hay atajos en el camino de la libertad y la verdad.

No nos engañemos: allí donde existe la prohibición de manifestar ciertas cosas, o negar hechos históricos, no estamos ante una actitud científica, ni humanista, ni digna de Occidente en aspecto alguno. Estamos frente a una actitud dogmática, fanática y completamente irracional, más propia de estados confesionales que de sociedades libres.

Me preocupa y me pone a pensar: ¿Cuándo perdimos el rumbo?

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