La sociedad narcisista

Una característica universal de una civilización decadente es el creciente narcisismo de los individuos. Aclaración necesaria: self-interest y narcisismo son dos cosas completamente distintas. El self-interest o búsqueda del interés propio es la conducta natural del Hombre. De hecho, la teoría de la evolución de las especies presupone que los genes son egoístas en el sentido que buscan su propia supervivencia primero que la de cualquier otro gen. Es por ello que los individuos más fuertes en una manada de leones, por ejemplo, se alimentan primero de la presa recién cazada, y sólo cuando han saciado su hambre permiten a los demás comer también.Pero la civilización consiste precisamente en el dominio de los instintos por parte de la razón. Ojo: No es supresión ni negación de los instintos, sino simplemente fortalecer la capacidad de dominarlos para satisfacerlos de una manera ordenada. Aquí las religiones juegan un papel fundamental en el proceso civilizatorio de toda sociedad. Una religión, muy especialmente una religión monoteísta con un sistema moral y una teoría (aunque incipiente) del Bien y el Mal, ejerce una influencia civilizatoria de suma importancia sobre una sociedad. Todas las civilizaciones que han existido y de las que hemos llegado a tener algún conocimiento, han sido sumamente religiosas en sus etapas de ascenso.

(No pretendo con esto tomar postura alguna con respecto a la veracidad de la religión. Simplemente significa que las sociedades con profunda religiosidad parecen tener una ventaja evolutiva sobre las sociedades sin sentimiento de religiosidad. Las razones son variadas y la antropología ha intentado varias hipótesis, que no es mi interés discutir a fondo aquí.)

En fin, por un lado ninguna especie sobrevive si los individuos están completamente desprovistos de “egoísmo”. Si un gen determinado es altruista, muy pronto desaparece, precisamente porque tiende a dejarse a sí mismo de último en el aprovechamiento de los recursos disponibles, y por tanto tiende a perecer sin reproducirse. Por otro lado, una sociedad no llega muy lejos si cada persona da en todo momento rienda suelta a sus instintos e impulsos sin consideración alguna hacia sus socios. Recordemos aquí que el Hombre no puede vivir aislado, no caza aislado, no protege a los débiles (mujeres y niños) en forma aislada, sino que al contrario, para todas esas actividades vitales requiere la cooperación recíproca entre varios individuos (tal cooperación es totalmente voluntaria, y beneficia a todos los cooperantes, aún cuando unos puedan beneficiarse más que otros). Aquí es donde la religiosidad parece jugar un papel medular, pues tiende a limitar los instintos e impulsos humanos, según ciertas normas básicas necesarias para la convivencia y el mantenimiento de la paz entre los distintos individuos.

"El mundo gira en torno a mí"El narcisismo consiste precisamente en inclinarse hacia el abandono de toda inhibición de los instintos e impulsos, para pasar a dar rienda suelta a éstos cuando, como y donde se le antoja al individuo. Poca o nula consideración hacia los derechos e intereses ajenos.

La moral de la envidia de nuestra sociedad se puede ver, por ejemplo, en la proliferación de “derechos” sin correspondientes responsabilidades. No hablo de los derechos subjetivos tradicionales reconocidos a la persona: derecho a la vida, propiedad privada, y sus derivados clásicos de libertad de pensamiento, palabra, culto. No, me refiero a los “nuevos derechos”, como “derecho a una vida digna” (lo que sea que ello signifique), “derecho a un techo digno”, y otras cosas por el estilo.

Los derechos tradicionales de vida y propiedad privada son los llamados derechos negativos, en sentido que implican la no injerencia de otras personas en el camino de uno. Así, el derecho a la vida no implica que Juan tiene derecho a exigir a los demás a que le den vida, sino a exigir que nadie interfiera con esa vida suya, que nadie intente agredirlo para matarlo. El derecho de propiedad no significa que Juan tiene derecho a exigir que le regalen cosas para incorporarlas a su patrimonio, sino que está legitimado en exigir que nadie intente quitarle o causarle un daño a lo que es suyo.

Correspondientemente, cada uno de estos derechos clásicos implica para su titular la obligación de respetar esos mismos derechos a toda otra persona. Juan tiene derecho a exigir que nadie intente matarlo, pero también tiene que respetar ese mismo derecho a Pedro, Jorge, etc. Igual con el derecho de propiedad.

Pero lo que ocurre con los “nuevos derechos”, que son los llamados derechos positivos, en sentido que no implican simplemente la legitimación para impedir la interferencia ajena con el propio plan de vida, sino que implica que cada persona tiene positivamente el derecho a exigir que otros le provean cosas, como un “techo digno”, una educación, atención médica, etc. Lo que los defensores de estos mal llamados derechos sociales pretenden, es que cada persona está legitimada para exigir que otros le provean todo esto.

Contradicción lógica de la doctrina de los derechos "sociales"Estos derechos positivos, sin embargo, necesariamente provocan una contradicción lógica si se pretende extenderlos a todas las personas en una sociedad. Si todas las personas tienen derecho a exigir a los demás que le provean una vivienda, en lugar de tener que proveérsela él mismo, entonces todos están obligados a costear la vivienda para los demás, menos para sí mismo y su familia. Esto, por supuesto, implica una negación de la propiedad privada, pues busca justificar que Juan expropie lo que pertenece a Pedro, alegando que aquél lo necesita para construir su casa (después de todo Pedro tiene el deber de costearle la casa a Juan). Pero además implica que una persona es responsable de todos los demás, pero no de sí mismo. Obviamente es un contrasentido una persona que pueda tener responsabilidades sobre los demás si no es responsable de sí mismo. Cualquier niño de 5 años entendería que esto no tiene ninguna lógica.

Codiciarás todo lo de tu prójimo

Entonces, en realidad, cada persona está legitimada en robar a cualquier otro, con tal que sea para sufragarse un “techo digno”, su alimentación, una educación, los honorarios de su médico, y toda la interminable retahíla de esos nuevos derechos.Esta doctrina de los derechos positivos, mal llamados sociales, equivale a echar por tierra el Décimo Mandamiento de la tradición Católica. Al contrario, esta doctrina de los derechos positivos glorifica la codicia de lo ajeno. Es la moral de la envidia.

¿Y cómo suprimen sus sentimientos de culpa los defensores de esta aberración? Diciéndose a sí mismos que, en realidad, al expropiar a Pedro su riqueza, no están haciendo otra cosa que recuperar lo suyo, pues Pedro es rico a causa de la pobreza de los demás. No voy a profundizar en tener que refutar la tesis de que la riqueza es fija y la economía es un juego de suma cero donde los que ganan lo hacen a costa de los que pierden. Baste por ahora con decir que esa tesis no tiene fundamento alguno, ni siquiera es una tesis económica, sino que simplemente es una superstición que anda por ahí en la psique humana (de los narcisistas) y que lamentablemente no parece perder fuerza jamás.

Pero por más que se digan a sí mismos los envidiosos, que el rico es el causante de la pobreza de aquéllos, que el saludable es el causante de la enfermedad ajena, que el que es feliz lo es porque causó la infelicidad de otras personas, no pueden cambiar la realidad y lo que hacen sigue siendo robo y su apología.

La actual popularidad de la moral de la envidia es una evidencia clara de narcisismo en nuestra civilización. Porque el narcisista cree que sólo tiene derechos y ninguna obligación. Cree que todo el mundo gira en torno de él, el narcisista, y exige que los demás lo tengan a él como su prioridad.

El narcisista recurre con frecuencia a esconder su sinvergüenzura con el método conocido en psicología como proyección. El narcisista se arropa con una sábana de altruismo y da discursos de poeta en los que exalta el deber de la sociedad para con los más necesitados, con los débiles, con los pobres. El narcisista manipula la psicología humana (los narcisistas se especializan en la manipulación, para hacer a los demás sentir mal y que entonces para curar su culpa se dediquen a aquél), y no habla de “dénme a mí”, sino “ustedes son unos desvergonzados que no dan suficiente a los necesitados”. El narcisista busca crear un sentimiento de culpa en los demás, para así facilitar luego su expropiación, al eliminar o reducir a su mínima expresión la resistencia natural de los demás a que los expropien.

Y a medida que el narcisismo ha ido siendo continuamente estimulado y por tanto se ha hecho más popular en la población (cosa que aparentemente siempre ocurre más temprano que tarde en una democracia), los gobiernos comienzan a satisfacer cada vez más ese narcisismo de la gente. Allí comienzan a decretar los llamados derechos sociales. Comienzan a expropiar a los “ricos”, para darle a los “pobres”. Se legaliza el robo y se manifiesta así la existencia del síntoma de decadencia moral de una sociedad.

Lo prentenden justificar aludiendo a que Cristo llamaba a los ricos a dar a los pobres. Pero algo que olvidan, y que es fundamental, es que Cristo en efecto hacía un llamado a los que están en mejor situación a interesarse por los menos afortunados, y extenderles la mano en ayuda, pero jamás hizo un llamado a los menos afortunados a expropiar a los ricos. Busque su Nuevo Testamento y me avisa en qué parte dice Jesús que se justifica robar a los ricos.Una sociedad está en crecimiento y enriquecimiento integral cuando las personas son trabajadoras y suscriben la moral de la responsabilidad propia, del “yo soy responsable de mi destino y mi propia felicidad”. Por otro lado, cuando la gente se va convirtiendo a la moral del “yo no tengo por qué esforzarme más, sino que los demás me deben a mí y la razón de mi pobreza y todos mis males es la falta de solidaridad de los demás”, señores, la decadencia está andando a galope.

Ahora, juzgue por usted mismo si la sociedad en la que usted vive está en la primera situación (moral de la responsabilidad de cada quien sobre sí mismo), o en la segunda (cada quien es responsabilidad de otro, es decir, nadie es responsable de sí mismo).

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2 Comments on “La sociedad narcisista”


  1. Jaime Raúl:
    Creo que la parte en que tratas la
    diferencia entre derechos positivos
    y negativos y la de la moral de la
    envidia darían para un excelente artículo en La Prensa,que tendría
    su impacto.Para tu consideración.

  2. karen Says:

    muuybieen= ) mee parecio lo mejor que han escrito ,netaax)


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