La obsesión con la desigualdad económica

Es cosa común mediática, desde hace añales, leer reportajes cada cierto tiempo apuntando a que la distribución del ingreso (o del consumo) es muy desigual, que tan sólo una minoría de la población gana una proporción enorme del Ingreso Nacional Bruto, etc.Otra relacionada: la pobreza no la miden en función de criterios objetivos, sino siempre relativos. Me explico. No es que definen pobreza como el consumo de una cantidad menor a 2,500 calorías al día, y otros benchmarks mensurables en el espacio y en el tiempo. No señor. Lo que hacen es definir pobreza en función de ingresos y consumo relativos, es decir, que si hay cien personas, serán “pobres” aquellos que están en el grupo de menores ingresos y/o niveles de consumo, independientemente de los valores absolutos de esos ingresos y/o consumo. Es por eso que nos dicen a cada rato que en los Estados Unidos, por ejemplo, hay unos niveles de pobreza alarmantes. Pero son pobres que ingieren sus 2,500 (o más) calorías diarias, tienen televisor en su casa, electricidad, calefacción central, agua potable, atención médica, educación formal, y probablemente viajan una vez al año fuera del país de vacaciones. En resumen, esos pobres viven mejor que los no clasificados como pobres en la mayor parte del mundo. Lo que ocurre, y la razón por la que los que hacen estas mediciones (los izquierdistas de siempre) se obsesionan con hacer mediciones en función de términos relativos, en lugar de estándares objetivos y estables tanto en el espacio como en el tiempo, es precisamente porque su obsesión no es con la calidad de vida, sino con el hecho que haya unos que vivan mejor que otros. Estarán contentos únicamente cuando todos vivamos en la miseria (porque ésa es la única igualdad posible), con tal que todos seamos iguales.

Lo cierto es que los reyes europeos del Siglo XIX vivían en condiciones que, comparadas con cualquier persona de clase media el día de hoy (incluso comparado con estos "pobres" que sólo se les define como tales porque su ingreso es X% menor que el ingreso medio), sólo podrían considerarse como miserables. El rey más opulento no tenía la atención médica que cualquier persona tiene hoy (vacunas contra las principales enfermedades, medicamentos y tratamientos médicos efectivos, la mortandad infantil incluso de los herederos al trono era varios múltiplos la mortandad infantil de hoy), no tenía energía eléctrica en casa, no tenía vehículo automotor, si quería realizar un viaje intercontinental le tomaba días y en un barco (en cambio cualquier ciudadano "de a pie" hoy día llega en cuestión de horas desde un extremo del mundo a otro), y carecía de otras tantas ventajas que cualquier ciudadano de Occidente hoy disfruta como cosa cotidiana.

Si la medición de "pobreza" fuese realmente objetiva, y los mensores no estuviesen cambiando los postes de medición constantemente, la llamada "pobreza" se tendría que ver reducida cada día más.

Sin embargo, para estos medidores de desigualdades, nada de esto importa. Es obvio que se ha producido en los últimos siglos, especialmente los últimos 150 años, un mejoramiento generalizado y continuo de la calidad de vida de las personas de todo estrato socioeconómico. Así, jamás podremos eliminar ni reducir la "pobreza", pues no importa que el día de mañana todos los niños del mundo reciban vacunas contra las principales enfermedades, tengan acceso a atención médica razonable, beban agua potable y tengan electricidad en sus hogares, y en fin reciban todas aquellas ventajas que todos quisiéramos que recibieran. Cuando eso ocurra, entonces ya no medirán pobreza en atención a tales elementos, sino que será "pobre" todo aquel que no disfruta aquellas ventajas que la sociedad considere lujos en esa época. Es decir, cuando todo el mundo viaje en avión una vez al año al menos, considerarán como "pobre" a todo aquel que no tenga su propio jet privado.

Sólo hay que fijarse que estos mismos habladores de la desigualdad, celebran con aplausos el paraíso de la isla penal de Cuba, donde (supuestamente) no hay mayor desigualdad de ingresos ni consumo. Lo que importa para ellos no es la calidad de lo que se consuma, sino el mero hecho que todos consuman lo mismo. Es otra manifestación de la moral de la envidia, con la máscara de una desinteresada preocupación por los menos afortunados.

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