Villepin no es Maggie Thatcher

Duró poco el temple de Villepin. Ya accedió a que se retirase el proyecto de ley de primer empleo. La verdad es que no veo por dónde puede Francia iniciar un camino hacia la liberalización. Lo que ocurrió a inicios de la década de 1980 en el Reino Unido con Margaret Thatcher y en Estados Unidos con Ronald Reagan, no lo veo ocurriendo en Francia a corto plazo. ¿Será que es necesario el colapso gradual pero seguro de la economía francesa para que finalmente comiencen a entender que su sistema no funciona? Lamentablemente, por lo pronto, pareciera que así es.

Es que parece que en Francia no hay políticos con pantalones. No han podido reformar nada en los últimos años, porque cada vez que lo intentan terminan cediendo ante el chantaje de los sindicatos, los izquierdistas y los empleados públicos. No pueden reformar la seguridad social, ni las leyes laborales, ni pueden privatizar un alfiler. Es que cuando una sociedad está socializada al extremo que lo está en Francia, las cosas se hacen mucho más difícil que en otras circunstancias. Siendo así, le tocará a los franceses ver cómo se quedan más atrás de lo que han venido quedando los últimos 20 años en materia de desarrollo económico. Mientras Irlanda, Singapur, Hong Kong, China, Estonia y demás exrepúblicas soviéticas, han aprendido que es el capitalismo el único sistema que funciona, los franceses siguen como el niño que cierra los ojos y se tapa los oídos porque no quiere escuchar el mensaje.

Según una encuesta reciente realizada por The Economist, el 71% de los norteamericanos considera que el libre mercado es el mejor sistema existente para crear riqueza para todos, así como el 66% de los británicos y el 65% de los alemanes. Incluso los chinos daban un 74% (el porcentaje más alto de todos los países en que se realizó la muestra). Entre los franceses, sin embargo, sólo el 36% concuerda. De allí que pareciera que los pobres franceses están condenados a sumirse lentamente en un atraso económico que eventualmente los lleve, primero a continuar maldiciendo a los Estados Unidos de América, la globalización, los Sabios de Zión y cualesquiera otros chivos expiatorios, de sus propios problemas; luego, a comenzar a reconocer que mientras otros crecen aplicando medidas de libre mercado, ellos (los franceses) no levantan cabeza con su retórica socialista; y finalmente comenzar a construir un nuevo sistema basado en propiedad privada y libertad de contratación individual. Si todo ello tiene que ser precedido por un colapso total del sistema o meramente por un retroceso sustancial, será cuestión que habrá que ver. Pero por medio de reformas políticas valientes en el futuro cercano, lamentablemente todo pinta que no va a ser el caso.

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