¿Y el “Código Da Vinci” musulmán?

El revuelo que ha causado el estreno de la película basada en la novela de Dan Brown, que hila una supuesta conspiración milenaria de la Iglesia Católica para ocultar ciertos hechos de la vida de Jesús de Nazareth, es algo que sólo es posible en una sociedad en que se valora el libre debate de ideas. El libre debate de ideas implica el riesgo de que muchas de las ideas que surgirán y se expresarán serán falsas y hasta ridículas.

Esto es algo que damos por hecho en nuestro querido Occidente. Pero en realidad no es algo que siempre y en toda época fue dado por hecho. Costó muchísimo llegar a este punto en que valoramos el libre debate de ideas.

Me llama la atención el afán con que tanta gente se lanzan a criticar las acciones de la Iglesia Católica para aclarar las aseveraciones del libro-ahora-hecho-película. La Iglesia Católica no ha pretendido usar la fuerza política de ningún Estado para que se prohíba la presentación de la película, mucho menos la venta del libro. Simplemente está ejerciendo su derecho a debatir, refutando las afirmaciones que aparecen en el libro/película, sobre la vida de Jesús y los supuestos códigos ocultos en las obras de Da Vinci. Sin embargo, titulares como “El Vaticano conspira contra el Código Da Vinci” sugieren como si realmente la Iglesia estuviese rompiendo las reglas del juego. Cuando uno va y lee la noticia, se percata que no tiene nada que ver con ninguna “conspiración”, sino simplemente que la Iglesia en lugar de quedarse de brazos cruzados ha decidido participar en el libre debate de ideas. Pero los bienpensantes no se caracterizan por aplicar a los demás los mismos criterios que elllos quieren para sí mismos, así que para ellos está muy bien que alguien salga y sugiera que la Iglesia no es mucho más que una banda de asesinos y conspiradoras al mejor estilo de los Sabios de Sión, pero está malísimo que esa misma Iglesia salga a defenderse de tales acusaciones.

Pero no inicié este escrito para defender a la Iglesia ni a Dan Brown. Lo que me lleva a escribir esto es que me pregunto, ¿sería posible que se diera esta misma “controversia” en el mundo islámico? Es decir, ¿podría alguien en el mundo musulmán ponerse a cuestionar la vida de Mahoma y las afirmaciones que sobre la vida de éste hay tanto en el Corán como en los Hádices? ¿Podría hacerlo, es decir, sin tener que temer por su vida y la de su familia y tener que andarse escondiendo el resto de su existencia? Porque el único que yo sepa que ha hecho algo siquiera lejanamente similar con respecto a Mahoma, quien es Salman Rushdie, tiene un precio (de varios millones de dólares) puesto sobre su cabeza. Y tiene que vivir constantemente como un fugitivo.

Theo Van Gogh en Holanda hizo un documental sobre el trato dado a las mujeres en la cultura islámica. No era el documental sobre la vida de Mahoma, ni mucho menos. Era algo sumamente mundano, y aún así, lo mataron salvajemente en Amsterdam hace menos de 2 años. A Ayaan Hirsi Ali, quien escribió el guión, la tienen amenazada de muerte y sus cobardes vecinos holandeses la han echado de ese país.

Ahora le pido yo a usted, que todavía no está convencido de que el Islam es completamente diferente a nuestra cultura e incompatible con ésta, que lo piense. Yo estoy encantado de vivir en una civilización en la que tipos como Dan Brown pueden hacer las sugerencias más ridículas sobre las intenciones de Leonardo Da Vinci, y aún así continuar caminando tranquilamente por la calle y hasta dar autógrafos, sin tener que temer por su vida. Esta civilización, Occidente, es una en la que ya damos por hecho que cualquier persona tiene todo el derecho del mundo a proferir las mayores idioteces que se le ocurran. Y ello está muy bien. Porque en esta civilización hemos aprendido con el paso del tiempo, y con mucho ensayo y error, que sólo cuando hay verdadera libertad podemos acercarnos a la verdad.

¿Cree usted que en el Islam piensan así también? Pregúntele a los familiares de Theo Van Gogh. Pregúntele a cualquiera de las miles de mujeres que son mutiladas cada año en el mundo musulmán, contra su voluntad (la ablación del clítoris). Pregúntele a Ayaan Hirsi Ali, o a Salman Rushdie, si ellos cuentan con el mismo trato en el mundo musulmán, con que cuentan los Dan Brown de Occidente. Y luego que les pregunte y los escuche, vuelva acá y dígame que el Islam es una religión de paz. Por más que me lo diga y yo crea que lo que usted me dice es una soberana estupidez, yo no voy a apuñalarlo ni voy a volarme a mí mismo y a usted y otras decenas de personas conmigo en miles de pedazos. ¿Sabe por qué? Porque yo fui criado en una sociedad que cree en dignidad de la vida, no en la muerte.

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