El modelo francés fracasa hasta en el vino

El clásico de los vinos del mundo, el francés, está perdiendo terreno frente a vinos competidores de California, Chile y Australia. Los vinos europeos, en general, están perdiendo market share frente a la competencia de estos países, básicamente porque aquéllos continúan anclados en el pasado, viviendo de la gloria que se ha ido.

El caso francés es el más claro, porque son el país donde el deporte nacional es rebelarse contra la realidad del mercado. Los consumidores nunca tienen razón, sino que siempre la tienen los “conocedores.” En el Reino Unido (que no tiene una industria vinícola importante, y por tanto lo importa todo), el vino francés ha ido perdiendo terreno frente a las opciones más modernas de Australia, Chile y California, donde producen vinos de manera más mecanizada y eficiente. En Australia el promedio de trabajadores vinícolas por hectárea cultivada de viñedos es de 50. En Francia, de 1 por hectárea. Obviamente ello se refleja en la calidad y el precio. El resultado es que los consumidores han ido dándose cuenta que la calidad que pueden obtener por una botella de vino australiano, chileno o californiano de 5 libras esterlinas, es muy superior a la de un vino francés del mismo precio.

Es que así funciona el capitalismo y la competencia en libre mercado. Esa es la globalización. Cada vez mejores vinos, a precios accesibles. No hay que gastarse $30 en un vino francés, sino que con unos $8 puede usted comprar un muy buen vino australiano, chileno o californiano, que son de muy buena calidad y aún así de precios accesibles, sencillamente porque producen para el consumo masivo, en grandes extensiones, con integración vertical en gran parte.

Es también “penetración cultural.” Los antiglobalización se quejan de la supuesta penetración cultural de McDonald’s. Pero lo cierto es que la penetración cultural no es exclusiva de McDonald’s. Los vinos ciertamente no son la bebida “natural” en Panamá, pero se consumen bastantillo. En el supermercado encuentra uno un pasillo entero de variedades de vinos de muchas partes del mundo. En Panamá no se produce una sola botella de vino. El panameño puede disfrutar de una buena botella de vino a un precio razonable, gracias a eso que los anticomercio llaman “penetración cultural.”

Igual con la pizza, los jeans, los programas de TV importados, el Internet, la música y toda forma de arte, y casi cualquier cosa imaginable. La penetración cultural de McDonald’s al resto del mundo no es más grande que la de la pizza. En New York, en Florida, en Dallas, se come mucha pizza, tacos, paella y comida china, y todo a precios accesibles. ¿Es eso algo malo?

Si usted elige tener menos opciones, estar forzado a comer siempre lo mismo (y caro), como de hecho les toca hacer a los franceses con su vino, está en todo su derecho. Lo que no puede hacer es forzarme esa elección a mí, o al resto de las personas. En Francia le fuerzan esa elección a las personas a través de la coerción del Estado. A mí me encanta poder elegir el vino que yo quiera, o si prefiero cerveza, o entre pizza y McDonald’s y otro sinfín de opciones. Mientras más son mis opciones, mejor.

Eso, mis queridos amigos, se lo debemos a un solo sistema económico, y se llama Capitalismo global. No lo olvide.

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