La manipulación de las estadísticas económicas

En los Estados Unidos, el dólar viene perdiendo poder adquisitivo desde hace tiempo. Como he indicado antes, el problema comenzó en 1913 con la creación de la Reserva Federal, luego con la desvinculación al público del dólar con el oro en 1934 por Roosevelt, y después con Nixon en 1971 cuando finalmente se acabó la pantomima de que el dólar seguía estando respaldado en oro (pantomima desde 1934).
Puede leer aquí (y acá hay más) una explicación de cómo se está dando la manipulación estadística para esconder la inflación, exagerar el crecimiento económico, y disimular el déficit de gasto público. Resumo:
En 1996 -en el medio del milagro económico de Clinton- la Fundación Kaiser (Kaiser Foundation) condujo una encuesta al público americano que supuestamente mostraba lo desconectado de la realidad económica estaba el electorado. La mayoría de los norteamericanos pensaban que la inflación y el desempleo eran mucho mayores, y el crecimiento económico mucho más débil, de lo reportado por el gobierno. El Washington Post lamentaba la ignorancia económica del público. Los mismos resultados se obtendrían hoy.
Ni la Fundación Kaiser ni el Post entendieron que había y aún existe buena razón para la desconexión entre las percepciones comunes y los reportes del gobierno: la data del gobierno está sesgada en direcciones políticamente correctas y de manera creciente han ido separándose de la experiencia común y la realidad desde mediados de la década de 1980. La inflación y el desempleo son subestimados en los reportes, mientras que el empleo y otra data económica es sobreestimada, deliberadamente.
La práctica de reportar regularmente estadísticas tales como el producto nacional/interno bruto (GNP/GDP por sus siglas en inglés), desempleo y el índice de precios al consumidor (CPI por sus siglas en inglés) comenzó en la década que siguió a la Segunda Guerra Mundial. La manipulación política moderna de la data gubernamental comenzó tan pronto como fue practicable hacerlo posteriormente, con revisiones a la metodología que frecuentemente incorporaban sesgos para favorecer los resultados políticos. Como resultado, los inversionistas y la mayoría de los economistas, confiando en la data del gobierno, frecuentemente ignoran la realidad económica. Considere lo siguiente:
– Durante la administración Kennedy, el desempleo fue redefinido con el concepto de “trabajadores desestimulados” para reducir la tasa reportada de desempleo.
– Si a Lyndon Johnson no le gustaban las cifras a ser reportadas sobre el crecimiento del GNP, enviaba el reporte de vuelta al Departamento de Comercio, y lo seguía haciendo hasta que éste eventualmente “corregía.” La administración Johnson fue también responsable por la manipulación contable que esconde la mayor parte del déficil de gasto público federal.
– Richard Nixon tenía una muy publicitada guerra con el Buró de Estadísticas Laborales (BLS por sus siglas en inglés) acerca de la data de desempleo. Nixon quería que se reportase la tasa de desempleo que fuese más baja entre el número ajustado por temporada y el no ajustado, según fuera el caso en cada ocasión, pero sin informarlo así al público. Aunque esto era demasiado objetable en ese momento y nunca se hizo, básicamente esta misma metodología fue introducida en 2004 como “novísima” por la actual administración Bush.
Originalmente el CPI era medido a través del tiempo comparando los precios de una canasta de productos determinados, un concepto bastanta sencillo y fácil de aplicar. Los precios de los productos en la idéntica canasta eran comparados para cada período, y la diferencia entre uno y otro con el paso del tiempo daba como resultado el aumento del costo de mantener un mismo estándar de vida.

Pero a inicios de la década de 1990, en el gobierno de George Bush padre, Michael Boskin, economista en jefe de la administración Bush, y Alan Greenspan (presidente de la Reserva Federal), inventaron el concepto de sustitución de productos. Sugirieron que la canasta no debía mantenerse fija a través del tiempo, sino ser sustituidos unos productos por otros en ciertas circunstancias. Por ejemplo, si el precio del filete aumentaba de manera muy marcada, en lugar de contabilizar ese aumento de precio, reemplazaban el filete con un sustituto de menor calidad y que hubiese aumentado en menor proporción (o que no hubiese aumentado de precio), como una hamburguesa. Al contabilizar, no el aumento del precio del filete, sino su reemplazo por una hamburguesa, se reducía la tasa de inflación reportada.

Más adelante surgió el concepto de hedónica. Esta práctica consiste en ajustar artificialmente los precios de los productos que forman la canasta, al supuesto aumento en la satisfacción que uno recibe de ellos gracias a su mejor calidad versus la de períodos anteriores. La nueva lavadora que usted compró a un precio 20% mayor que el año pasado, en realidad no le costó 20% más según el reporte oficial del CPI, porque supuestamente ese aumento de 20% en el precio se compensa con el aumento de 20% en la satisfacción que usted obtiene porque su nueva lavadora opera con controles electrónicos en lugar de esas ruidosas perillas giratorias mecánicas que tenía la lavadora del año pasado.

Similarmente, cuando el precio de la gasolina aumenta gracias a la entrada en vigencia de regulaciones gubernamentales que prohíben cierto aditivo (MTBE) y obligan a usar un aditivo más caro, esto no es reportado como un aumento del 10% en el precio, pues supuestamente ese aumento de precio nominal se ve compensado por el hecho de que usted ahora recibe 10% más satisfacción debido a que respira aire más limpio.

Y aquello de la inflación “clave” o “nuclear”, el llamado “core inflation”, que es lo que ahora reportan y que repiten los analistas financieros, es una canasta que excluye los precios de la energía y la comida. La energía y la alimentación son cosas que ninguna persona puede permitirse dejar de consumir hoy día. Constituyen una cuarta parte de la canasta tradicional del CPI. Sin embargo, al reportar el aumento del CPI sin incluir los aumentos de precios de energía y alimentación, dos componentes donde los aumentos de precios son muy significativos, se subreporta la inflación de una manera sustancial.

Básicamente, si no fuera por todas estas manipulaciones de las cifras sobre la inflación, ésta tendría que ser reportada a niveles de 6-7% actualmente, en lugar del 2-4% que se reporta.

De horror, ¿no le parece? Pues así es. Yo que usted comenzaría a comprar oro y plata cada vez que pueda.

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